lunes, 17 de junio de 2013

Odd Smoke

Han pasado veinte inviernos desde que Odiseo bajó a por tabaco al quiosco de Troya la sin dientes. Aún hoy, Penélope sigue tejiendo un jersey que ya huele a testamentos. Telémaco ya no juega con el perro porque el perro ahora está muerto y porque él ya no juega. Es un hombre a punto de casarse que no va a recibir ninguna llamada de felicitación de su padre. El abuelo Laertes se pregunta en el asilo en qué falló con su hijo. En cambio, la abuela Anticlea no para de reír. Sólo el Alzheimer sabe por qué.

A muchos kilómetros de allí, en el puticlub Las Sirenas han dicho que alguna vez vieron al hombre de la foto amarilla y arrugada. “O puede que fuera uno que se le parece. Pasa tanta gente por aquí.” Circe, la madame, se niega a hacer declaraciones a la policía. Su hijo Telégono deambula por las calles pidiendo dinero para marihuana. “Ha salido a su padre”, piensa Circe sin decirlo nunca.

La familia de Odiseo va a mudarse a otro vecindario. Para olvidar ese hueco que nunca volverá a ser rellenado. En un cajón de la mesita de noche, debajo de un montón de papeles, Penélope encuentra el mechero favorito de su marido. Tiene grabado un letrero que dice: “Mecheros Hestia – Para mantener siempre encendido el fuego del hogar.

Para el cuadernillo del Club de Lecturas Libres 2013: "Los Círculos de Ariadna".
El montaje (con Nono de "Ulises 31" y la página de Error 404 de Explorer) es mío.
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