El Camp Nou está lleno hasta la bandera cuando los trescientos invaden el estadio. Cien mil espectadores rugen ardientes y fogosos. Un solo hombre está agachado mirando el punto del centro del campo. Entonces un grito silencia la noche: ¡Espartanos!
Leónidas al mando de 300 espartanos con las lanzas tiesas comienza la invasión desde el fondo norte. Mientras, el hombre sigue mirando el punto central ensimismado como si no se enterara de nada. Los espartanos recorren el campo jadeando, gimiendo, furiosos, sudorosos, casi volcánicos. Los 300 van directos al hombre que está en el centro del campo con el trasero mirando hacia ellos. Treinta metros les separan: veinticinco, veinte, quince, diez…
Leónidas al mando de 300 espartanos con las lanzas tiesas comienza la invasión desde el fondo norte. Mientras, el hombre sigue mirando el punto central ensimismado como si no se enterara de nada. Los espartanos recorren el campo jadeando, gimiendo, furiosos, sudorosos, casi volcánicos. Los 300 van directos al hombre que está en el centro del campo con el trasero mirando hacia ellos. Treinta metros les separan: veinticinco, veinte, quince, diez…




