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viernes, 28 de junio de 2013

La Cuerda del Equilibrista

(clica en la imagen para ver un vídeo)

No bastaron los pescozones en el cuello ni la voz de tijera de sus padres para cortar aquella pasión que le tamborileaba en el pecho, que le bailaba en la melena, aquel gorgoteo de aviones que le invitaba a descalzarse en las aceras y caminar con un pie tras otro por el bordillo. Su madre, que era la adivina de la caducidad del tiempo, antes que eso prefería verle de tragafuegos o de ilusionista. Su padre, un ilustre malabarista de burbujas, amenazó con quitarle su puesto en el circo si seguía empeñado en aquella idea de tan baja ralea. Pensó hacerse domador de gatos filósofos como algunos de sus compañeros del colegio. O ingeniero de sueños imposibles como uno de sus mejores amigos. O tal vez, entrenador de pelícanos poetas como aquel maestro que le enseñó a confiar en su corazón. A la vez que crecía, cambió las primeras escaramuzas en bordillos por los pasamanos o las verjas. ¡Si es que no puedes tener los pies en el suelo como las gentes de bien! repetía su madre. ¡Si es que te salen pájaros en la cabeza! ¿Y estos pelos qué son? insistía su padre. Hasta que un día, al fin, se animó a caminar por el tendedero que iba de la ventana de su casa a la de su vecina, una jovencita que por las mañanas hacía de mujer balín de plomillo y por las tardes estudiaba la magia de las palabras voladoras. Al subirse, los pies le chisporroteaban de miedo, se trastabilló muchas veces, se cayó más de mil y más de dos mil pensó no volver a subirse. Pero fue cogiéndole el truco, y caminó y caminó por la cuerda. Su número acabó gustando a las gentes del circo y sus padres acabaron aceptando a regañadientes que su hijo se dedicara a la imprudente y poco respetada profesión de equilibrista de cuerdas flojas.

El joven creció y creció y se convirtió en uno más de la gran compañía. En las alturas conoció algunos amigos que se paraban a hablar con él: un capitán de barcos a la deriva, un trapecista que se colgaba en notas musicales, una gitana vieja que volaba en un sol de luciérnagas trompetistas, un títere que viajaba en nube y que se había escapado del marionetista a costa de perder las manos. De lejos vislumbraba maravillosos mundos, islas distantes que flotaban en el aire. ¿Qué maravillas existían allí? Deseaba tener algún medio para poder visitarlas. De vez en cuando encontraba tesoros que habían caído en la cuerda: una orquesta de flores de corbata, una tarta de fresas volcánicas y hasta un nudo de sueños sin deshacer.  Un día, después de terminar una función más agotadora que de costumbre, se dio cuenta de que le habían crecido unas pequeñas alas en los pies y en las manos. ¿Acaso sus tobillos y sus muñecas se habían descascarillado como huevos de codorniz y habían revelado lo que realmente había en su interior? Una certeza le asaltó. Le tembló todo el cuerpo, pero supo que los buenos momentos le acompañaban, que por fin podría conocer esos nuevos y fascinantes mundos, y que siempre podría bajar a visitar a su familia y amigos. Sacó las tijeras de inaugurar alegrías, guardó todos sus tesoros en la mochila, respiró tres veces, miro arriba y abajo y después sólo adelante... Y entonces cortó la cuerda y se abalanzó a emborracharse de azul, a abrazar a las nubes y a bañarse de soles. Se embadurnó de las selvas de fuego verde, se fascinó con las canciones de los piratas del viento, conoció a las musas de los ríos del futuro, tocó el saxofón con los camaleones salvajes, se enfrentó al ejército de seda de los gusanos nostálgicos, brindó por la vida con los bandidos de la esperanza. Ahora se explicaba por qué nunca había tenido los pies en la tierra, por qué siempre le anidaban pájaros en la cabeza. Los años de equilibrista le habían enseñado a desoír al vértigo y a no tener miedo a descubrir cosas nuevas y misteriosas en las alturas. Aquel día, cuando cortó la cuerda, descubrió que tenía alas y que lo que siempre había querido era volar...


4 años, 7 meses, 22 días, 390 entradas y muchas aventuras después, hoy el Equilibrista llega al otro cabo, al otro extremo de la cuerda. Hoy este blog termina su andadura. Es una decisión que tomé hace algunos meses con ciertas reservas, pero desde entonces hasta hoy una serie de indicios, de coincidencias de la vida, me han hecho confirmarme en que podía ser este el momento de dar este paso. No habrá más entradas, pero La Cuerda no se corta, seguirá colgada con todas sus pinzas para que podáis subiros a ella siempre que queráis y recordar las aventuras que nos han sucedido hasta aquí. Todo lo que ha surgido en este blog va a permanecer de alguna manera, no voy a arrojar nada a la basura. Iniciativas que empezaron aquí las retomaré en otros lugares, pero será cuando se abran nuevos círculos. La puerta no la cierro, la dejo encajada. Ni que decir tiene que toda la experiencia que llevo hasta aquí me la quedo en la mochila. Y tranquilos, que no voy a dejar de escribir. Simplemente necesito cambiarme de traje, dejar de ser Equilibrista para ser otra cosa. El qué, no lo sé, ya lo iré descubriendo. Va a ser difícil porque este blog es parte de mi vida y se ha convertido en algo importante. Pero sé que es el momento de ponerme a prueba y atreverme a hacer cosas nuevas, a visitar nuevos caminos y universos. Inciertos. misteriosos e inseguros, pero nuevos, deslumbrantes y apasionantes. Gracias a tod@s por darme vuestro continuo apoyo, por animarme, por jalearme, por secarme las lágrimas, por enseñarme tanto. Nos seguimos viendo, batid bien vuestras alas porque sopla muy fuerte el viento y trae arena a los ojos, pero sobre todo volad sin miedo porque hay muchos mundos por descubrir. 

Un abrazo, amig@s
Deivid

miércoles, 29 de mayo de 2013

Sueños de tres noches de verano


UN DESEO 

Sonía podía verlo todo desde aquel pequeño agujero. Pequeños haces de luz como luciérnagas en la noche se entrelazaban ante su mirada profunda, expectante. Veía su vida pasar ante sus ojos en pequeñas estrellas, algunas fugaces, trozos de piedra cayendo de un cometa. Sabía que las estrellas fugaces eran cosas buenas, eran oportunidades de las que hay que coger rápido, al vuelo. Eran pedazos de luz que, por un motivo u otro, se volatilizan si no las coges, si no las dejas quietas y junto a ti, para siempre.

Este texto lo encontré en el armario "donde los papeles viejos". Puede tener más de diez años y seguramente yo pensaba continuarlo. Ahora recojo aquí esa estrella y sólo añadiré al texto que pidáis un deseo. La estrella fugaz de neón me cayó
de Neon Artists.
DOS ZAPATOS

Dos zapatos sueltos en la playa entrelazan sus cordones y sonríen bajo la luna porque la arena, o el amor, les hace cosquillas, y porque sienten que el tiempo discurre de manera diferente cuando no se tienen los pies en la tierra.


Este es de un juego creativo ideado por La Maga en Arte y transformación con un flash fotográfico zapateado por Gitana Rubia
TRES CABEZAS

Aún no duermen. Aún hablan. No quisieron oír la orden, disfrazada de consejo, que les dio El Cojo. Prefieren disfrutar de una charla que sabe a pájaros y luciérnagas. Tres cabezas se asoman de las sábanas de tres camas y se cuentan sus sueños hablándole al techo. Hablan de amores furtivos, de escapadas nocturnas a discotecas, de los padres tan lejos, de la libertad tan cerca. Hablan como si el tiempo estuviera hecho de relojes rotos. Las palabras pequeñas y bajísimas suben flotando hasta colgarse de la lámpara. En pocas horas, oirán el toctoc de la puerta, los profesores irán cuarto por cuarto avisando de que es hora de ir a la montaña, de salir de excursión, que el bus no espera. Pero ni el sueño ni la mañana importan esta noche. Lo que importan son los sueños y el mañana. Los sueños son de agua, neón y cartulina. El mañana es un gigante de tres cabezas que vive lejos, en una llanura de nubes, más allá de las estrellas.

Quise completar la trilogía con el tercer sueño de verano y me vino la imagen de una noche en Lleida durante la excursión de fin de curso de E.G.B. Una noche que pudo ser la de hoy pero en 1997, porque aquel viaje fue exactamente durante estas fechas. ¿Casualidades? El cielo estrellado es de la Vía Láctea en los Pirineos, obra de Unai González.


Y este otro cielo estrellado es de "La Biblioteca de los Jóvenes Castores", una colección de libros infantiles de la que tuve algunos volúmenes (imagen de todocoleccion.net) y con la que aprendí lo que eran las estrellas fugaces. Al recordarla, sentí que tenía que estar en este post.

lunes, 29 de octubre de 2012

Punto Final: Fiction is Crime


"Si escribimos dejamos
heridas las palabras,
desangrándose juntas"
(Fernando Quiñones)

    Fueron subiendo en cada puerto y hablaban distintos idiomas. O al menos eso le parecía por los murmullos, acompañados de zapatos y perseguidos por equipajes que subían por la pasarela. El ojo de buey de su camarote sólo le devolvía imágenes de los zapatos, que rechinaban en la madera. Se giró y observó la cama recia, hipócrita. Se levantó del asiento con estrépito, cogió el vaso de agua que reposaba en la mesita y lo hizo estallar en el suelo. Estaba trémulo.

     Había pasado todo el viaje en el camarote. Las paredes se proyectaban hacia arriba. El techo se alejaba y se hacía más pequeño. Él era un ratón que miraba pasar desde un pequeño agujero a los habitantes de la casa, pero que se siente incapaz de salir. Sólo el pensar en subir a cubierta le causaba miedo y náuseas. El tiempo se volvió irracional. Los segundos y los minutos se mezclaban. Pero había llegado el momento. No podía esperar más. ¿Por qué si no estaba allí?

     A veces se había mareado en sus viajes, pero nunca como aquel día. Cuando estuvo en la cubierta, sintió  un dolor punzante en el estómago. Le temblaban las manos. El suelo se ondulaba y se retorcía. Caminaba inerte, las facciones en la cara, rígidas. Los rostros a su paso miraban y saludaban disciplinadamente. Se agarró a una barandilla y espero. La sacudida en el pecho se suavizó ligeramente. El temblor de su cuerpo continuaba, pero no iba a esperar más.

viernes, 19 de octubre de 2012

La comía en los pies

Tío Abuelo: ¿Ahora te va a comer el postre? ¿después de media hora? Ahora ya tiene la comía en los pies...
Yo: Ya, pero a mí me gusta hacerlo así.
Tío Abuelo: Sí, pero ya se te ha orvidao la comía.
Yo: Vale, pero a mí me gusta hacerlo así. Me gusta reposar la comida.
Tío Abuelo: Bueno, asín será, pero ya la tendrá en los pies
Yo: En verdad, ni yo lo hago bien, porque se debería comer la fruta entre comidas no después de comer.
Tío Abuelo: ¿Entre comía?
Yo: Sí porque es más sano. Lo recomiendan los médicos.
Tío Abuelo: Yo como es costumbre después de comer, porque un rato más tarde como haces tú, ya tiene la comía en los pies.
Yo: Vale, pero me gusta hacerlo así.
Tío Abuelo: Bueno, pues asín será. Pero ya la tiene en los pies.
Yo: ¬¬ (lengua sangrando de tanto morderla en 3, 2, 1...) Vale, tengo la comía en los pies (me voy a mi cuarto con mi mandarina a pecar tranquilo) ¬¬

martes, 18 de septiembre de 2012

Dolores

La madre los veía venir desde el ventanuco de la cocina cuando paseaban por la calle enfrente de la casa. Dolores iba pegada al hombro de Antonio. En sus brazos desnudos sentía el fino tacto del traje de chaqueta. Ella llevaba un vestido blanco de flores y una amplia sonrisa en el rostro. Los adoquines de piedra golpeaban en los pies bajo las zapatillas y la muchacha sentía molestia. Les acompañaba Joselito “el chico”, el hermano pequeño de Dolores. Iba dando saltitos, con su sonrisa picarona y su aspecto de diablillo con tirantes. Venían de pasar la mañana en la feria. Había hecho sol, pero a lo lejos se adivinaban algunas nubes oscuras. Cuando llegaron a la puerta de la casa, Antonio dijo que antes de pasar iba a comprar un vino. Ella asintió y fue a meterse a la casa con su hermano.

Antonio se marchó de vuelta calle abajo. Al llegar a una calle, encontró un burro atado a un pilote, enfrente de un bar donde departían algunos hombres bebiendo. Tenía dos cerones y dentro varias botellas de vino. La calle estaba tranquila. El sol apretaba en las sienes. Sólo se oía el rumor que venía del interior del bar. Una idea le rondaba la cabeza. Cogería algunas botellas para venderlas y llevaría una a casa de Dolores. No le gustaba robar, pero no era la primera vez que tenía que hacerlo. Quería causar buena impresión a la familia de la muchacha a la que conocería aquel día. Nadie se enteraría de aquello. Dolores aliviaba su soledad con su perpetua sonrisa. Pero aquel día le había mentido. Le habían echado de la obra por pelearse con el capataz. No tenía dinero. El sueldo era mísero pero al menos podía comer. Lo último que le quedaba lo había gastado esa mañana. Pensó vender aquel traje de chaqueta, pero era el último recuerdo de su padre muerto en la guerra. Quizás ella pudiera ayudarle a salir del trance. Aquel mismo día le confesaría su mentira. Pero llevaba varios días sin comer bien. Estaba desesperado. Y además, aquella tos bronca y la opresión en el pecho. Había estado enfermo todo el invierno y su salud no mejoraba. Se tocó la frente. Estaba caliente.

jueves, 12 de julio de 2012

Remember nº 11: Fin de curso

Me vais a permitir que cometa la osadía de colgar este relato, uno de los primeros que escribí en un taller literario. El ejercicio consistía en escribir una historia sobre una anécdota importante de nuestra infancia. El resultado fue este relato basado en experiencias de niñez y preadolescencia. Hoy me avergüenza un poco por lo experimental e ingenuo, pero creo que es válido por lo valiente y aventurado. Seguramente no se entiendan muchas cosas, pero por ese valor que tiene para mí, siento que esta historia tiene también que estar aquí en el blog.

En la habitación de mi hermana hay una figurita de una bailarina. Si le doy cuerda, suena una canción. Ahora que la estoy oyendo, vienen a mi mente recuerdos de aquella excursión de fin de curso, cuando terminé la E.G.B. La canción es la lambada. Tendría doce o trece años:

Un día de primavera. Era muy temprano. Tenía mucho sueño. “Venga que ya es la hora”. Me puse la ropa. “Ten mucho cuidado”. Mi madre y yo subimos al coche. “No te vayas a perder”. Llegamos al colegio. “Tú siempre detrás de los profesores”. Muchos besos en mis mejillas. “Pórtate bien, ¿eh?” Una sonrisa entrañable en sus labios y su mano agitándose.

El autobús partió del colegio hasta la estación de Sevilla. “Venga, ahora bajarse, coged las maletas y todos quietos y a esperar el tren”. Los graciosos bamboleos del cojo, el profesor de inglés. Era simpático y se me daba muy bien su asignatura. Un fuerte peso sobre mis hombros. “Hola David”. “Hola Irene”. “¿Dónde vas con tantas cosas?” “jeje”. “No te quedes solo, allí está Jaime”. “¡Mirad, ya está aquí el tren!”

El traqueteo del tren, pesado, incesante, durante horas.

“¿Por qué me pitan los oídos?”

lunes, 9 de julio de 2012

Remember nº 10: Subterráneo

El papel de las cartas era lo único que servía para limpiar su mancha de culpa. Las cartas siempre abortadas eran mensajes que se enviaba a sí misma. La pluma iba sangrando el color de su pelo que aquel hueco húmedo y subterráneo le había ido robando.

En el sueño bestias con dientes podridos, negros, agua estancada y pútrida penetrándola, fluyendo por su interior. Saber durante nueve meses que un monstruo se alimentaba de su savia en su vientre, un monstruo lleno de hongos, estrías y gusanos.

Gusanos que le devoraban las entrañas desde la primera vez, terrible, lombrices desgarrando las flores cada noche hasta dejarla secas de savia, desgarrando sangre, el rocío, chupando.

Cada noche se repetía. La criatura en su vientre manchada, al fin la vomitó un día nadando / sumergida en hiel negra y sangre allí mismo en el lugar de su encierro, ausencia.

Por entonces recordaba aquella carta, la última que pudo llegar a su destino, su amigo Hans entre esperanzas de escapar de lo que más temía. Esos miedos tomaron forma. Llegó a odiar a Hans, ¿por qué no hacía nada? Supuso que el monstruo le había engañado.

Cenagoso. Privado.

martes, 7 de febrero de 2012

Remember nº 9: Cruel Caricatura de Alicia


Alicia es una vieja con la piel arrugada y llena de costras y con el pelo de estropajo. El edificio donde vive, reza en su puerta, en sutil eufemismo, “residencia psiquiátrica”. Dicen que está loca y por eso está allí. Cada mañana, con una ilógica sonrisa en sus labios, peina con absurdo empeño una haraposa muñeca. Por la “residencia” pululan un enano rechoncho y peludo cuya cabeza parece un testículo con ojos, un par de gemelos subnormales y una loca calva que se pasa todo el día jugando al solitario. Su amor es un hombre vestido de blanco que viene cada mañana a visitarla, bigotudo y garboso camillero. Pero ella siempre fracasa al practicar el arte del flechador cupido, pues su impetuoso y apasionado impulso labial es no correspondido.

Su único consuelo, por las noches, el cariño de su gato. De vez en cuando, su hermana va a visitarla. Viene con un tipo deforme que se hizo rico vendiendo sombreros extravagantes. Dice que es su marido. Dice. Los padres de Alicia murieron en el mismo oscuro agujero donde siempre habían vivido. Alicia recuerda a ese hombre y esa mujer que vivían con ella antes de llegar aquí. Alicia está sola. Pero en la residencia donde vive Alicia, hay un parque, y en el parque hay muchos árboles. Alicia pasa allí largas horas y ha descubierto entre los árboles, unos matorrales altos y frondosos. Cerca de los matorrales, hay muchas flores olorosas y coloreadas. En el mismo lugar hay un grupo de setas de muchas formas y colorines. Y allí, Alicia hizo el descubrimiento más fantástico de su insulsa vida. Porque las setas eran la puerta a un país repleto de maravillas. Efectivamente, perspicaz lector, se trataba de setas alucinógenas.

Imágenes:
Una Grotesca Mujer Vieja (Quentin Massys, 1513) http://alice.studiotreasure.com/

miércoles, 19 de octubre de 2011

Rosquetes en octubre (Remember nº 8: Tirabuzones de gloria)

El lunes pasado estando en un supermercado de una cadena muy conocida, pude ver cómo una trabajadora ya estaba colocando los turrones (del duro, del blando, de chocolate) y los polvorones (y mazapanes y hojaldrinas) en las estanterías. ¡A 17 de octubre! Y lo mejor de todo es que estaban justo al lado de las neveras atiborradas de helados. Y a pocos metros de allí, estaban las chucherías de Halloween preparadas en pack con todo lo necesario para los niños. Viendo que el calentamiento global se empeña en seguir alargando agosto, es normal que los helados sigan copando las cámaras frigoríficas. Y viendo que en estos sitios las tradiciones se convierten en meros reclamos comerciales, es normal que los lumbreras jefazos de Mercadona (ea ya lo he dicho) quieran apelar desde ya, aunque falten dos meses para navidad, a nuestra más tierna memoria emocional y estomacal. Todo sea por amasar el mayor número de billetes posible. Así que en este mundo un poco loco no os extrañará que yo hoy 19 de octubre reponga este relato sobre los rosquetes de Semana Santa. Este cuento titulado "Tirabuzones de gloria" fue un texto descartado para la Revista de Chiclana, para el número de Semana Santa donde publiqué el texto sobre el arroz con leche que dejé por aquí hace unos días. Perdonadme si os empalaga el costumbrismo (al menos estará bien recordar algunas tradiciones populares) o si tiene muchas inexactitudes teológicas. Rosquetes en octubre, que aprovechen...

Seguid el hilo para conocer la historia...

martes, 27 de septiembre de 2011

Remember nº 7: Destrozó a Juan María Atxuxa


Destrozó a Juan María Atxuxa.
Me gustó y fue despedido.
La jugada que desarrolle
entre las enfermedades
salió larga a las tres de la tarde.
Mañana el director –actriz
partido por la presencia,
podía sacar su papel.
Había revuelo asiático
antaño padeció y explica
que inspeccionará el claro acuerdo.
El crudo y desviado tanatorio
desoyó a Iniesta hospitalario.
Amigos fascinantes,
Pero la familia causó prohibición
y él mismo va a filas hoy.

"Poema" hecho con muchas palabras recortadas de un periódico y cogidas al azar. Sí, el ejercicio ese que puso de moda un movimiento literario de vanguardia, no me acuerdo cuál.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Remember nº 6: Lobo Solitario en la Ciudad Destripada - Notas de un cuaderno de cacería

Esto lo escribí hace ya tiempo, no está muy elaborado, pero últimamente me viene al pego.

En esta ciudad la raza de los lobos solitarios parece estar en peligro de extinción. No sé si es cierto. Sé que los lobos vagan por los parques bajo las ramas de los árboles y en las calles oscuras, tragando sombra en cada paso. Algunos anidan en las esquinas y en las cancelas de las tiendas cerradas a la noche, buscando un sitio en el que poder recoger sus cuerpos, el lugar que la ciudad les niega. El hatillo es humilde, puede ser una guitarra y un sombrero, un pincel y un lienzo, una botella de vino, unos ojos felinos hundidos en la penumbra, o sólo un lápiz y un papel. Los lobos no caminan. Deambulan. Buscan. Esperan. Pero muchos ya no son capaces de salir y se quedan encogidos en su madriguera. Tienen miedo de que la ciudad les engulla. Miedo a verse en una esquina temblando de terror con el rabo entre las piernas. Los que aún salimos a cazar, buscamos en el aliento de la ciudad el rastro de una nueva presa.

domingo, 31 de julio de 2011

Remember nº5: Caballero del Dragón

De entre todos los guerreros que he tenido en mi ejército, recuerdo especialmente a uno. Aunque su nombre se pierde en mi memoria, recuerdo que era conocido como el caballero del Dragón. Se presentó ante mí un día de enero. Portaba una armadura de un verde radiante, que representaba al maravilloso ser al que veneraba. Venía buscando señor que le diera alimento y resguardo, a cambio de fidelidad y arrojo en el combate. Había estado una larga temporada encerrado, tan larga que no recordaba nada de su pasado. Le dije que no temiera por aquello, pues a mi lado tendría nuevo nombre y nuevas andanzas que vivir. Y aquello no tardó en acontecer, aquel mismo día, combatimos la alianza del señor oscuro de cadavérico rostro y del caballero de las garras de hierro, enemigo eterno de los cuatro hombres tortuga que desde hacía mucho tiempo me servían. 

El caballero del Dragón tenía una figura un tanto desgarbada, algo afeminada. Era más ágil que fuerte, pero su cuerpo mostraba una fragilidad, que parecía que fuera a deshacerse. No obstante, batalla tras batalla demostraba su gallardía. Pero aquella era tan grande que en poco tiempo había perdido su armadura. Su aparente debilidad hizo que me fuera fijando en guerreros más poderosos, por lo que decidí alejarle del campo de batalla, pero mantenerle un techo de cartón en el que vivir. El caballero seguía ahí siempre listo para escuchar mi llamada. Debieron pasar varios años, cuando volví a hacerlo, y el caballero se presentó con gran alegría. Pero aquel día lamenté no haberlo olvidado para siempre en el pozo de mi memoria. Me encontraba en pleno campo de batalla, en las acolchadas llanuras de franela aguardando que las fuerzas del mal concurrieran, cuando apareció por sorpresa un enemigo inesperado. Tuve una disputa con él y encolerizó. Fue el caballero del dragón el objeto de su cólera. Lo cogió del suelo con una mano, y con poderoso ímpetu lo devolvió al suelo. La figura del caballero quedó desmembrada y decapitada con el impacto.
 
Hasta los señores que somos dioses para nuestros súbditos, tenemos debilidades. Por aquel entonces, yo tenía que rendir obediencia a otro señor de rango superior al mío y al que me ataban lazos familiares. Él había sufrido un arrebato de ira por algo que yo consideraba injusto (quizás me equivocaba, quién sabe, el tiempo difuminó el recuerdo). Aquel gigante adoptó maneras irracionales, de igual manera que lo que ocurrió con los dioses titanes y los olímpicos. En vez de castigar a mi persona, el caballero del dragón había sido destruído por aquel gigante, mi señor, mi padre.

En memoria de Shiryu, el caballero del dragón.

domingo, 24 de julio de 2011

Remember nº4: Deseo del Bosque


Te dirán que el mundo es un laberinto de paredes de piedra.
Diles que esos muros son en realidad arbustos, que se pueden recortar y moldearse igual que tu plastilina de colores.
Te dirán que los elefantes son grises y van desnudos.
Diles que tú los has visto llevando traje y corbata y otras veces disfrazados de payaso y con la cara pintada a topos blancos y verdes.
Te dirán que el cielo hay que pintarlo siempre de azul.
Diles que el cielo a veces es verde y otras es rojo, según como se levante, que puede ser de tantos colores como ceras hay en tu cajita.
Te dirán que los nomos y los trolls no existen.
Diles que no se ven porque son muy tímidos y se esconden en las madrigueras, háblales de esa vez que los viste por el bosque.
Te dirán que la magia es un cuento.
Cuéntaselo.

Imagen: http://pixdaus.com/single.php?id=48430

lunes, 18 de julio de 2011

Remember nº3: Deseo de la Madriguera

No sabes donde te has metido. Con lo bien que debías estar tú antes, allí dentro, todo recogidito. Aquello debía ser como estar en tu propio jacuzzi privado, con self service a la carta y sin camareros relamidos. Se te pasarían los días sin enterarte. Y de pronto van y te sacan aquí fuera. Como el que no quiere la cosa. Ahora te pasarás el día llorando y seguro que todo te parece misterioso, un mundo repleto de enigmas y cosas que no entiendes. Tranquilo, eso es normal (a veces a mí también me pasa todavía). Y encima, no has ido a parar a un hogar cualquiera, no. Se podría decir que has caído en un país muy peculiar. Que te creías que ibas a estar siempre tan tranquilito. No te agobies y disfruta, porque ahí te esperan muchas sorpresas por delante. Tan pronto irás de la mano de una reina de corazones chiquitita y risueña, que camino a la casa de chocolate al lado de Gretel. Otras te las verás con un Peter Pan grandote y jugaréis a luchar con espadas de papel. Luego serás un príncipe árabe en busca de un tesoro, y al rato un detective que investiga el misterio de una casa embrujada. Y tranquilo porque tienes un hada madrina muy cerquita. Por cierto, me he enterado de que te ibas a llamar Alicia si hubieras sido niña. Ay, no sabes donde te has metido, no sabes la enorme suerte que tienes de haber caído en esa madriguera.

viernes, 8 de julio de 2011

Remember nº2: Deseo de la Burbuja

Las olas hablan, tú lo sabes mejor que nadie. Estabas ahí dentro, en esa burbuja, envuelto por el agua, cálida, subterránea. Cada ola hacía vibrar todo tu cuerpo, te silbaba y te acariciaba, sentías su aleteo, hasta que al fin estallaba como una estrella que refulge, para volver luego a nacer en la eterna marejada. A cada ir y venir, la cresta de cada ola hablaba con susurros, dejando caer el eco de unas liras ancestrales, el tañido de una cuerda brotada de la tierra, el canto de un trovador que seduce a los ratones, el sendero al país de nunca jamás. Recuerda siempre ese sonido. Recuerda que las olas hablan. Tú lo sabes mejor que nadie.

Al hijo de una buena amiga (cuando estaba a punto de nacer)...

Imagen: http://graphics.ucsd.edu/~iman/SoapBubbles/

jueves, 9 de junio de 2011

Remember nº 1: Saquito de Sueños

Tu regalo tiene algo evocador y misterioso. 
Es un pequeño saquito ceñido con mimo con un lazo.
Es pequeño, pero es mejor así, que no se vea mucho, que no ocupe mucho espacio, porque dentro está el secreto mejor guardado. 
Dentro hay semillas de hierbabuena, que son como las ilusiones que todos esperamos que germinen. 
Las envuelve una tela procedente de un lugar remoto, misterioso y maravilloso, que evoca mil y una aventuras, mil y una noches. 
Dentro también hay canela que, vivaz y traviesa, como una niña, se escapa entre las hebras. 
Es curioso, es un saquito de sueños. Y dicen que los sueños caben en la palma de las manos.
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