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| "Cariño, nuestra relación está en la cuerda floja" |
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| "¡Pero hijo mío! cuando me pediste que te guiara por los inescrutables caminos del Señor, ¡me esperaba otra cosa!" |
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| "¡Tachán!" "No intentes arreglarlo Maripili, te has quedao en bragas" |
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| "Cariño, nuestra relación está en la cuerda floja" |
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| "¡Pero hijo mío! cuando me pediste que te guiara por los inescrutables caminos del Señor, ¡me esperaba otra cosa!" |
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| "¡Tachán!" "No intentes arreglarlo Maripili, te has quedao en bragas" |
Por eso estás ahí otra vez, de nuevo recorriendo el camino largo a casa. Porque cuando los días solitarios suceden a las noches solitarias, te marchas a hacer un viaje por las luces de la ciudad. El camino largo a casa. Nunca ves lo que quieres ver, siempre estás actuando de cara a la galería. Y coges el camino largo a casa. Cuando estás en ese escenario, todo es tan increíble, tan inolvidable, cómo te adoran... Pero entonces te acuerdas de que tu mujer cree que te estás volviendo loco. Qué desastre. ¿Es que no hay forma de salir de esta?
Aquí va el prólogo que nos tiene que pasar (esperemos) Jesús Romero. El veloz murciélago comía algarrobas en la aldea de las encinas periféricas. Desde la esquiva altitud veía fusionarse a los púlpitos borogobos con las deseadas gimnospermas. En los valles barbitúricos se alzaban analgésicos los unipladios. “Dos y dos son cuatro” pensaban los académicos de la lengua fecí en sus bibliotecas de Calatrava de Oz. Entonces con un giro looping atmosférico, el veloz murciélago comedor de algarrobas voló hacia la parte póstuma del gran chopo de la toposfera ascendiendo cual silábico altramuz. Entre tanto veíanse irisadas las huellas de los pitiformes azulejando la fracasada india vendecompacs entre las siete y la hora del té edredónico.
“¿Está el enemigo? Que se ponga.” A win visible. A win visible. Y el veloz murcielaguillo urkeliano con sus miradas tan tiernas vio un regalo sorpresa de un premio que para él no era ¿o sí? y que todavía no debía ser entregado. Enton, los erizos con cara de maestro enreverbenao y traje de Dior de ejecutivo mutuo madrileño, de asco pusieron el semblante y reprendieron al veloz murcielaguillo asustado y gritagónico fónico. Y Jesús Romero que no venía, y no venía, y el sagrado templo vacío de cristales y vorogovado. Anda que mandan wee. Y entonces el veloz murcielaguikki… illo, en un sacrosanto expediente de recurso administrativo, consiguió trajinar la flecha con cuerda al hilo lanzada y clavóla en la diana justa, precisamente en el centro, en la casa del jefe búho para que todos los aldeanos gimnoespérmicos la vieran.