miércoles, 12 de noviembre de 2008

El Misterio de las Nubes



Fue como entrar en un mundo sorprendente, difuso y nebuloso, lleno de sensaciones inesperadas. Me introduje en una marea de pantalones de algodón, zapatos de domingo y trajes de volantes. Arriba, por encima de mí, era todo un ajetreo de miradas, un murmullo sostenido de voces. Abajo el escupir amarillo del albero en el marrón recién estrenado de mis zapatos. El relente húmedo de verano pellizcaba de vez en cuando bajo las mangas cortas y en las mejillas. Las agitadas voces y los tropiezos con algún desconocido poco cuidadoso me provocaban un estupor que me retumbaba en el pecho recorriéndome luego el cuerpo, y lo sentía mitigar sólo cuando estrechaba la mano cogida a mi madre.

La muchedumbre coagulaba la calle por todas partes y nuestros pasos eran lentos y entrecortados. La parte izquierda era una hilera de monstruos que resoplaban bufidos de humo. Vivían en unos castillos de paredes pintadas con escenas de dragones que peleaban con guerreros y amazonas desnudas. Cerca de allí, prisionero en una cabina de cristal, un hombre con barba, melena rizada y vaqueros rotos vendía fichas de plástico, vales por un viaje de ida y vuelta por unas sinuosas vías de metal. Un poco más adelante un barco era mecido en el aire por grandes columnas de metal. Podía sentir la gigantesca quilla pendular cerca de mi nariz, oír los gritos de los polizones metidos en jaulas. Aquello me hacía estremecer, pero a la vez el balanceo me hipnotizaba sin dejarme apartar la vista. En la parte derecha de la calle se apelotonaban los cuerpos contra unas grandes casetas blancas que a mis ojos se perdían en lo alto. Estaban pobladas por un enjambre de muñecas y animalillos blandos y peludos. Bajo ellos un hombre metido allí dentro chillaba con una voz estridente y metálica.

Los gritos, las voces y la música se revolcaban entre sí por toda la calle y se apretaban contra el cielo oscuro. Yo caminaba siempre de la mano siguiendo la estela de mi madre por la calle asfixiada, cuando de pronto me sorprendió un olor fresco, que en aquel momento me pareció balsámico. Cuando el gentío se fue apartando, pude ver unos chorros de agua bañando las tajadas de un extraño fruto blanco, unas esferas que por fuera parecían un rostro todo barbas y cejas. El poso tropical dentro de aquellas frutas seducía mi olfato. Seguí la expedición por el país de colores y olores que se desplegaba en aquella barraca: experimentos con manzanas que se cubrían de un líquido rojo y brillante, piruletas de colores que no había imaginado nunca, almendras y piñones que se traslucían dentro de unas radiantes tabletas marrones. Entonces, una mujer detrás del mostrador me dijo algo que no acerté a entender por el murmullo de voces (tan sólo noté su acento cándido y exótico) y sacó algo de una máquina que yo no alcanzaba a ver. Me acercó un palo con lo que parecía una nube rosada de hebras vaporosas como de algodón. Sentí el olor del azúcar caliente erizando el paladar y las caricias humeantes en mi nariz fría. Cogí un pellizco y me lo llevé a la boca. Me saludó un sabor dulce y agradable, que enseguida se colaba sin permiso por todas partes de la boca y me hacía suaves cosquillas en la garganta. No podía dar explicación a aquella sensación desconocida y placentera, como de un buen sueño. Pero sólo un segundo después, sin que pudiera retener siquiera el sabor, recordarlo, el trocito de nube se despedía como evaporándose, se escapaba como queriendo volver al cielo.

Repetí la operación, seguro de que esta vez no escaparía, pero de nuevo aquel placer seguía siendo igual de efímero. Continué el paseo por aquella calle, probando una y otra vez, esperando poder atrapar aquel sabor en algún intento. En el horizonte se adivinaba un circuito de coches que bailaban bajo una algarabía de luces de colores y una rueda gigante que alcanzaba a tocar el cielo.

De mayor solía acercarme a otras barracas, agarrado a manos diferentes, a sentir el olor de aquel vapor rosado, y me seguía preguntando por el misterio de las nubes de azúcar. Quizá sea en efecto que quieren escaparse para volver al cielo de donde alguien las arrancó alguna vez. O tal vez, simplemente, sean las nubes las que nos transportan a lugares perdidos en la memoria, a calles olvidadas llenas de ruidos y colores, de olores nuevos e inesperados, de gentes y seres fantásticos en los que de mayores nunca creeríamos.

14 comentarios:

Raquelilla dijo...

Hay que ver, chiquillo, con todo lo que tienes guardado para contarnos, y lo bien que lo haces, cuando escribes, me encanta el blog, nos gustaría también escucharte más en clase un poquito más y nada, a seguir arriesgando un poquito que vales más de lo que te crees.

Eva

Raquelilla dijo...

Ayy, que no soy Raquel, eh? es que estoy en su casa.
Eva.

Pedro dijo...

Eso es David, publica, publica, esparse tu talento sin mesura ni humildad. Reconozco que me gustaba tenerlo solo para nosotros, pero no hay que ser egoístas.
En cuanto pueda les anuncio a mis amigos tu llegada, sé que me encelaré un poco, pero como sólo es cuestión de tiempo, para qué retrasarlo más.
Un saludo.

Equilibrista dijo...

Es que sois demasiado buenos conmigo, jeje. Tampoco tengo tantas cosas guardadas y muchas de ellas no demasiado buenas. Pero aquí estamos para aprender. Bueno, intentaré haceros caso y confiar un poquito más en mí mismo. Y bienvenida Eva, me alegra que hayas podido entrar. Gracias por tus palabras y ánimos. Pedro, no te preocupes, no hay prisa, no quisiera que te sientas obligado a hacer una presentación en tu blog. Al fin y al cabo, llevo muy poquito y estoy emitiendo un poco en pruebas, jejeje. De momento para un pequeño círculo, aunque la puerta está abierta. Imagino que poco a poco se irá expandiendo ese círculo. Y si no, tampoco pasa nada. Me conformo con teneros ya a vosotros. Iré poniendo lo que me vaya apeteciendo, aunque sin dejarlo abandonado. En cuanto a lo de colaborar con otros blogs, pues sí, por qué no. Les echaré un vistazo y ya iremos hablando.

genialsiempre dijo...

David: He estado gfuera y no había leido el texto, que aunque le conocía pues lo leiste en el Taller, me ha gustado encontrármelo aquí y poderlo releer y deleitarme, pues es toda una señora pieza del buen escribir. Relatas la feria que parece que la tengo delante en estos momentos.
Bravo!!!

José María

muxica dijo...

Al leerte llegaron a mi sensaciones muy dulces. Ya me quedo para siempre en tus letras.
Un saludo desde Galicia

nomolamos dijo...

vengo desde casa de pedro, y aun a sabiendas que si pedro, te recomendaba seria algo estupendo leerte, aun ha sido mejor el hacerlo, un texto increible... me ha encantado... bienvenido al mundo blogg david, sera un placer seguirte...
un saludo

Marga dijo...

Te he dejado un comentario en tu bienvenida.

Por si andas subido en alguna cuerda y no divisas bien mis letras, a lo lejos, te advierto.

Pásate por casa...

Evan dijo...

Vengo a deleitarme con tus letras, recomendada por Pedro.

Me fascina lo que encuentro aquí, mucha dedicación a tu texto... si me lo pertís, volveré a leerte :)

Saluditos!

Leandro Sabogal dijo...

qué difícil es para un niño aprender a caminar... y qué dificil para el hombre mantenerse en pie.

Noelplebeyo dijo...

Recomendado llegué, y recomendador me quedaré. Buenos escritos. felicidades

Graciela dijo...

hola David, bienvenido al mundo de las computadoras y los blogs...te he visto en la casa de Pedro!!!
En la cuerda floja, equilibristas todos pasamos por allí...un encanto de relato!!!

Equilibrista dijo...

Vaya, cuánto bueno por aquí. Gracias a todos por sus ánimos, de verdad que me reconfortan. Si son amigos de Pedro, como reza el dicho, son amigos míos también. Espero que les gusten las humildes letras que dejo colgadas en mi cuerda. Pedro amigo, te agradezco tu recomendación, que eres un gran blogero, artista. Y eso que me daba un poco de miedo abrirme a más gente, lo reconozco, es lo que tenemos los que somos un poco tímidos. Pero bueno, procuraré superarlo, guardar el equilibrio y seguir adelante.

Bienvenidos y decir que equilibristas somos todos, a fin de cuentas, en la literatura y en la vida, en el día a día.
Abrazos

La Griega de AndaluCái dijo...

Que agradable es siempre para mi el leerte.Como disfruto de cada historia que construyes. Como saboreo cada palabra que usas, siempre tan acertada al relato, siempre tan re-bien dicha y apropiada que es imposible buscar sinónimos que le puedan ir mejor...
Majetad!!!..Siempre, siempre, a sus piés!!!

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