miércoles, 9 de mayo de 2012

Tela

Buf, lo que tiene una que aguantar. Que si los ataques de la cuchara, que si la mosca lanzándose en picado… no la dejan a una trabajar tranquila. Me merezco una medalla olímpica de natación por lo menos. Diez letras necesito para mi mensaje. Tengo que buscar bien porque aquí hay un montón. Para colmo, me cae una lluvia de granos de sal y luego una nevada de garbanzos que parecen pelotas de fútbol. Estos seres me lo dejan todo hecho un asco. Al menos la hierbabuena no queda mal como planta decorativa.

Pero no puedo distraerme, porque si me enfrío, no me puedo mover… ¡y tengo mucho trabajo! Al fin consigo hacer un buen hueco en el centro del plato. Nado hacia una V, luego cojo una A, esquivo la cuchara, voy a por la I, esquivo a la mosca, serpenteo hacia una S, alcanzo la otra A (esta A es muy importante), me parto en dos buscando una M oculta en el montón de letras, me alargo hacia la O encima de una hoja, ahora la primera R tras un garbanzo, regateo la cuchara, consigo la segunda I buceando en el fondo… A ver… VAIS A MORI… perfecto sólo queda una R… y ¡voilá! Mi obra está terminada.

Cuando pasan los gritos de terror, mi vecina, una telilla muy blanca y estirada, me lanza miradas de desprecio desde su “torre de cristal” (eso se cree ella que es el vaso desconchado donde vive). Se ve que para estos asuntos le van unos métodos más viscosos, menos transparentes. A mí, la verdad, me gustan las cosas claras.

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