martes, 11 de agosto de 2009

Un sobre y una flor (Una carta de amor...)


Un sobre y una flor
Y en el sobre un laberinto de troqueles
y un papelón de humos de mago,
diez cantos de diez sirenas
y un big bang en un vistazo.


Y en el sobre bigotes de gato
relamidos de amor por albóndigas y gacelas
la llave del pájaro enjaulado,
una bulla de hormonas jaraneras.

Y en el sobre noches azules,
donde reinan los gatos pardos,
que cazan colas de estrellas,
que cumplen deseos de fuego,
que cumplen sueños de árbol.

Y en el sobre, un don juan sin juan ni don
que inventa besos y palmas.
Y embotella al mar misivas,
por las prórrogas que hagan falta.


Y en la flor, un mequiere, un nomequiere,
un mequiere, un nomequiere.
Y en la flor, un panal de amormieles,
que abejas revoltosas desordenan.
Y en la flor, un estambre perdido,
que en el ancho levante navega,
que siembra piropos y espera,
y vendimia tan sólo suspiros.

Y en el sobre… una carta
Y en el sobre… esta carta
¿Comprendes ahora por qué me eres imprescindible?
...

El otro poema que dediqué a los letraslibrescos después de la noche de AmoresA los que estuvisteis allí os toca descubrir todos los 's (hay más que en la primera versión que publiqué en el blog de la ELL)

sábado, 8 de agosto de 2009

Noches azules

Después de una noche mágica en Prado del Rey dediqué un par de poemas de forma anónima a mis amigos de las Letras Libres en el blog del Colectivo. Como ya me han descubierto como el autor (o me he descubierto porque no pude resistir el interrogatorio, jejeje), voy a colgarlos aquí para compartirlos con los demás enredados.

Hace unas semanas os dije que en el Colectivo de Letras Libres preparábamos un recital con el título Amores… Pues bien, el pasado 24 de julio, vivimos una noche de estreno en el serrano pueblo de Prado del Rey. Fue en la coqueta Taberna Irlandesa de Prado, junto a algunos poetas del colectivo Aldaba. Fue una noche mágica y emotiva, la que vivimos en Prado. Encontramos un árbol azul florecido de campanillas doradas, paseamos por esas calles balcones con vistas a la sierra. A pesar de los nervios y el poco público, el recital fue muy especial. Todos mis compis rayaron a mucha altura recitando poemas y contando historias. Aquí un servidor pasó bastantes nervios, pero disfrutó como un enano leyendo La Playa de las Palabras y No escribas cartas de amor. La verdad es que fue mágico, muy especial. ¿Qué tendrán esas noches azules de verano?

Noches azules.
Noches mágicas.
De árboles azules
que brotan campanillas.
que tintinean voces azules.
Ayer fuimos una banda de gatos azules de arrabal.
Sin sueño y con sueños.
Y con hambres pero
atiborrados de deseos como lámparas mágicas.
Un grupo de músicos callejeros tocando el jazz del oasis.
Ayer supimos más que nunca que no nos pueden las tempestades
ni los relojes de arena.
Y a la noche, lanzamos un barquito de letras para que vivieran libres en el azul.
Azul océano
Azul árbol
Azul noche
Azul sueños

Besos
Lo dicho, que muchas gracias por todo lo que me habéis dado, que ha sido mucho

martes, 4 de agosto de 2009

Rastros en la niebla IV: Encadenado a un espejo

Hace tiempo que perdí la noción del rumor de mis pasos. Por eso sé que no van a darse cuenta. Es viernes, la noche está sentada y suena el último aviso. Levito por los pasillos vacíos bajo la luz blanca y helada. Las aulas comparten ya el neblinoso acento de la noche. Oscuras, sin los ojos atentos tras la procesión de trazos blancos en las pizarras. Esbozo un dibujo fantasmal de la clase. Buscando un espejo.


En estos momentos, siento que estoy encadenado al sórdido poema a medio escribir en los baños, al humo de la colilla tirada en el suelo, esposado a la tinta descorrida en los mensajes escritos en las mesas, atado a unos labios rojos y lascivos. Vivo en el aliento de la sangre que corre ahora caliente y terco por las paredes sucias… Ya se marchan los últimos, los que quedan, quizá para mí los únicos del mundo. De entre ellos, los guardianes han revisado minuciosamente cada recoveco de aulas, cafetería, salas de congreso, baños, pasillos. Pero yo sigo aquí. Buscando espejos. Ellos no lo saben.

Las luces se apagan. Me desvanezco.

sábado, 1 de agosto de 2009

Pide el párpado...


Pide el párpado que descortine el mundo las tibiezas
para preñar a la pupila de paisajes
desnudos de prejuicios y tapujos
donde el sol sea sol, la hierba, hierba…
y las salvas de color quemen el cielo.
Pide el ojo que las parras prendan como viejos vellocinos
Santificado sea el hueso y el gusano,
que si el porvenir se aliña de utopías, qué sé yo,
¿de qué sirve lo que hemos aprendido?
De qué, si la tierra se despereza, cansada
de fanegas y humedales, la asfixia el humo tosco
del futuro, no sabe cómo abrir ya sus ventanas.
Reposa como vieja aburrida cosiéndose la vida
a sus achaques. ¿De qué sirve, ojo, párpado, pupila, de qué…
si los colores se camuflan, si las ramas y las células callaran,
si la lucha que recitan en sus vientres silenciase?
¿De qué sirve si no las ve el que, en su casa, cierra los ojos
para dormir el sueño de los tontos, de los ciegos cortinados?

Cumplimos 50 posts… Un beso y un abrazo a todos los enredados…

martes, 28 de julio de 2009

Supertramping

But at night
When all the world’s asleep
The questions ran so deep
For such a simple man



Won´t you please
Please tell me what we’ve learned
I know it’s sound absurd
But please tell me who I am
WHO I AM

(Supertramp, 1979, del álbum Breakfast in America)
Una de mis favoritas
Subitulada al castellano en:
http://www.youtube.com/watch?v=ue29WayaMYQ

sábado, 25 de julio de 2009

Eterno grumete

Me gusta mirar al mar desde el acantilado, mientras preparo velas, levanto mástiles, apuntalo tablas, tallo mascarones, lanzo poemas en botellas. Sé que tarde o temprano, tendré que volver a zarpar. Y llegado el momento, arrío velas, levo anclas… En la mar disfruto con las olas serenas y las calimas. Y miro a las gaviotas. Como todos, sufro con las tempestades, los arrebatos del mar, los capitanes tiranos… ¿Adónde lleva el barco? No lo sé. El barco nunca está terminado. Ha muerto el maestro armador. ¿Qué importa? Si naufrago, voy a parar a otra costa y me levanto, busco un acantilado para mirar al mar. Y luego, apuntalo tablas, levanto mástiles…

Imagen: El Último Grumete de la Baquedano http://html.rincondelvago.com/el-ultimo-grumete-de-la-baquedano_francisco-coloane_1.html

lunes, 20 de julio de 2009

Rastros en la niebla III: Intruso

Una noche aciaga, mientras, débil y cansado, en la oscuridad envuelto, rumiando desconciertos sudorosos por la soledad que me embargaba, en el letargo, trémulo y aturdido, hastiado de las mismas páginas que narran ilusorias, heroicas hazañas, golpeando las puertas del sueño, de pronto oí, sibilino, sigiloso, un sonido. Cuando a tientas busqué devolver su rotundidad a los objetos, la luz sólo me mostró mi cuerpo cubierto por las piezas de un triste pijama, un escritorio, una cama, unos libros y poco más. Me dispuse a cruzar la frontera tras mis ojos cerrados, regresar a las llanuras volubles y pomposas. Pero entonces de nuevo el mismo sonido, aún más intenso, acechador que la primera vez.

“¿Qué clase de intruso se inmiscuye en esta noche calurosa y depresiva? ¿Quién se oculta, agazapado, tras las ramas de mis sueños?” Busqué la respuesta en la luz, subyugadora de los monstruos. Pero a nadie encontré. Irracionales figuraciones me llevaron a imaginar al intruso en algún escondite, oteando desde allí el horizonte de su gula. ¿Pero qué había de temer de aquel cuartucho si sólo había un escritorio, una cama, unos libros y poco más? ¿Acaso un vecino insomne, acaso un pequeño animal, acaso el viento en la ventana o poco más? Volví a voltear la moneda, y en el envés de nuevo caí al abrazo de las ebrias y algodonadas metáforas, deseando satisfacer mis anhelos en el arrullo del dios Morfeo. Pero entonces vi en el horizonte alzarse una aterradora figura: un caballero negro, lanza en ristre, acometiendo una justa, se dirigía hacia mí. Y su corcel en un pesado y denso galopar, iba emitiendo aquel mismo sonido, zumbante, turbador, ocupando todo el aire entre nosotros.

Lo que vi después no podría ser contado en los libros que se posaban en la mesa del dormitorio sin provocar la peor de las angustias. Arrastrada con una cuerda por aquel demoníaco caballo, una mujer, la que yo amaba en aquel silencio, y de su vientre desgajado brotaban pequeñas criaturas encorvadas y monstruosas que se desgañitaban en una diabólica carcajada. Destilaban sus entrañas efluvios cuyo rastro conducían a aquel caballero de los malos presagios. Tras ella, otros cuerpos, los de mis amigos y compañeros procesionaban con el rostro inerte, intercambiando sus cabezas al son de una absurda marcha. Pero no había tiempo para pedir ayuda, pues el intruso se acercaba a mí, ya estaba alcanzando mi frágil cuerpo hechizado por aquel molesto sonido. Intenté huir, zafarme de sus ataques pero él regresaba con la obcecada voluntad de los monjes. Después se alejó pero sólo para recrearse en su gula navegando entre oleadas de sonidos y gases invisibles, para volver de nuevo y atravesar mi piel. Repitió la acometida incontables veces sellando su estancia con pústulas de sombra y sangre.

Demasiado débil, demasiado cansado, preso del sueño, con los cajones abiertos, las lámparas en el suelo y las sillas en el techo, quedé a su merced, no podía hacer nada más que implorar su caridad. Pero entonces fue uno de sus embates el que me impulsó de nuevo a la frontera. En el sobresalto logré retornar la luz, y el lienzo del sueño se fue diluyendo, como si un frasco de amoníaco cayera de un estante y se fuera vertiendo lentamente sobre él. La imponente presencia de los objetos quedaba difuminada y yo me hallé en medio de aquel umbral de puertas entornadas. Llevé mis manos al rostro sudoroso, tratando de recuperar la calma y luego, giré la cabeza. Fue entonces cuando lo vi, tranquilamente posado justo delante de mí, el intruso.

Pero entonces observé que aquel engendro no era más que una minúscula gota de sombra, una insignificante nave alada, ligada a mi cuerpo por algún lazo inconsciente, su hocico largo y escuálido una diminuta aguja magnetizada a mi sangre, su cuerpo frágil y delicado como un frasco de cristal que se quebrara con sólo una palmada al aire. Asustado aún y avergonzado de mi suerte, mis pensamientos se debatieron en letanía: “¿Cómo ha podido su ridícula esencia copar todo mi ser, reducirlo hasta convertirme en un loco de alquiler en esta habitación? ¿Cómo ha logrado ser pincel involuntario de mis pesadillas, enmarcar el lienzo de este grotesco, el más patético que pudiera eyacular el más mediocre de los pintores? ¿Cómo ha podido producirse esta figuración? ¿Cómo ha podido, en fin, engendrar esta penosa parodia?”

Desde el cristal de la ventana empezaron a inundar el dormitorio tonos pastel. Pero ya era tarde. La sombra del intruso se derramaba por la estancia, y mi alma, de esa sombra que aún yace sobre el suelo no podrá liberarse… nunca más.



Imágenes
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