lunes, 18 de junio de 2012

300 Auuu auuu auuuuu



    El Camp Nou está lleno hasta la bandera cuando los trescientos invaden el estadio. Cien mil espectadores rugen ardientes y fogosos. Un solo hombre está agachado mirando el punto del centro del campo. Entonces un grito silencia la noche: ¡Espartanos!

    Leónidas al mando de 300 espartanos con las lanzas tiesas comienza la invasión desde el fondo norte. Mientras, el hombre sigue mirando el punto central ensimismado como si no se enterara de nada. Los espartanos recorren el campo jadeando, gimiendo, furiosos, sudorosos, casi volcánicos. Los 300 van directos al hombre que está en el centro del campo con el trasero mirando hacia ellos. Treinta metros les separan: veinticinco, veinte, quince, diez…

    Leónidas es el primero. Iiiiin… PLAM, pam, pam, pam… Luego viene Delios segundo al mando… pom pom pom… Luego Terón, plan pom, pom… Stelios, Fonios, Jorcios, Pollios, Espermatios… La hinchada se desboca, ruge, se excita, suda, grita, gime. Uno a uno los 300 clavan sus tiesas lanzas para caer después extasiados al lado del hombre que aún sigue agachado en el centro del campo.

    Cuando el espartano número 300 es derribado, la hinchada decae y los cien mil espectadores se quedan mirando grises al suelo. El hombre del centro del campo por fin se levanta. Entonces aparece otro hombre desde los vestuarios llevando un balón en las manos. Los dos se abrazan y se besan tiernamente. El que acaba de llegar pregunta:

— ¿Cómo te sientes, amado Jerjes?
— Bi…en… aho… ra sé por qué… los llaman es… part… anos. Pero, ¿sabes una cosa? Hay algo que me da pena.
— ¿Qué es lo que te apena, mi amado Jerjes?
— Que hayan prohibido las corridas de toros en Cataluña.

1 comentarios:

La Griega de AndaluCái. dijo...

jolines!!!
con este panorama, vamos a tener que volver a los toros!!!

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